Página de Carlos Veci para la investigación del carlismo en Cantabria.

Con Javier Martínez Sellers y Enrique Gudín de la Lama gané el Certamen nacional de Jóvenes Investigadores en la categoría de Artes y Humanidades con un trabajo sobre la primera guerra carlista en Santander.

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Don Cipriano de los Corrales

Artículo publicado en la revista Tradición (número 4, 5 de febrero de 1933, pp. 19-20) por José María de los Corrales. 

Don Cipriano de los Corrales

Era en el mes de mayo de 1855, cuando estaba preparado un alzamiento carlista, que habían de iniciar fuerzas del Ejército en casi toda España, para ver de colocar en el Trono al Conde de Montemolín, o sea a Carlos VI.

Uno de los comprometidos a secundar el movimiento, era el Comandante de caballería cuyo nombre encabeza estas líneas, natural de Meruelo, de esta provincia, que siendo católico fervoroso, antiliberal y carlista, era a la vez inteligente y buen militar. Se le ofreció dinero –lo que él quisiera- antes de alzarse en armas por si el intento fracasase, pues podía necesitarlo él o su familia, y lo rechazó diciendo que él no haría aquello por todo el oro del mundo, sino por la Religión y que su familia nada necesitaba. 

Y salió de Zaragoza al frente de la mayor parte de la caballería que le guarnecía, y de algunas docenas de paisanos, comprometidos a salir también. Antes de emprender la marcha, llevando consigo a su hijo mayor, joven de 15 años, se despidió de su esposa y de sus otros cinco hijos, pequeñitos todos, pues el mayor tenía ocho años y el menor ocho meses, y la entregó dos mil reales, que era su único capital, y con el que tenía que ir a Santander, ella y sus hijos, y seguir viviendo, en espera de los acontecimientos.

Quince o veinte días haría que la esposa del comandante Corrales había llegado a Santander, sin haber vuelto a saber de su marido, cuando se encontró en la calle un sacerdote, que iba leyendo un periódico, y aunque no le conocía, se puso frente a él y le dijo: “¿Podría usted decirme qué noticias hay de la tropa que se sublevó en Zaragoza?” Y la contestó: “Señora, está todo terminado, lo acabo de leer; ya fusilaron a los tres principales sublevados.” ¿Los nombra el periódico? “Sí, verá usted : el primero don Cipriano de los Corrales”… “No me diga usted más” Y se marchó llorando. 

Sea por lo que fuese, no se secundó el movimiento del comandante Corrales, y viéndose abandonado a sus solas fuerzas, decidió el pasar la frontera, después de decir a su tropa que acogiese el indulto que dió el Gobierno. Pero en la provincia de Lérida, al atravesar las sierras próximas a Agramunt, los milicianos de esta villa le cortaron el paso y le hicieron prisionero, siendo fusilados a los pocos días, juntamente con dos oficiales. Según carta del sacerdote que le confesó y le acompañó hasta el último momento, escrita a la viuda, su muerte fué edificante no muriendo por otro ideal que la Religión, y le llamaba santo, un mártir. Media hora después de fusilado, llegó para él el indulto.

Cinco años más tarde se sublevó el general Ortega, siendo ayudante suyo el capitán de caballería don Francisco Cavero, que en la guerra carlista de 1872 al 76, figuró y fué general distinguido y muy valiente, a cuyas órdenes estuvo el que esto escribe, en alguna acción. Si el comandante Corrales hubiera vivido, seguramente que también habría figurado como uno de los mejores generales de aquella guerra. Pero murió y fué mártir; y yo, que no le conocí, pues tenía pocos meses de vida, me honro en ser hijo suyo.

José M.ª de los Corrales

***

En un artículo sobre la revuelta de 1855, en la que participó Cipriano de los Corrales, el historiador Antonio Caridad Salvador se aproxima de otra manera a su figura y completa el testimonio del hijo. 

Referencia: Caridad Salvador, A., “El carlismo aragonés en armas. La revuelta de 1855”, Cuadernos de Historia Contemporánea, 36, Universidad Complutense de Madrid, 2014, pp. 165-188.

Cipriano de los Corrales había combatido como teniente en la primera guerra carlista y se había acogido al Convenio de Vergara en 1839. Reintegrado al ejército, en 1854 fue destinado a Zaragoza, en donde ese mismo año participó en el alzamiento progresista contra el Gobierno de los liberales moderados. Un año después encabezó la sublevación de los carlistas en la ciudad.

“De esta manera, a las diez de la noche del 22 de mayo se presentó en el cuartel del escuadrón de Bailén en Zaragoza, pretextando que su caballo estaba enfermo. Se puso entonces a jugar a las cartas con los oficiales de servicio, mientras los sargentos implicados dejaban entrar en el cuartel a paisanos armados, entre los que se encontraba Gregorio Puelles. Una vez estuvieron todos dentro, los suboficiales irrumpieron en el cuarto de estandartes, sorprendiendo a los mandos que se encontraban jugando allí. Entonces, el capitán Corrales tomó el control del cuartel, mientras los oficiales eran encerrados en un cuarto y los sargentos daban vivas a Carlos VI, pese a ser muchos de ellos de familia liberal (1). A continuación los sublevados reunieron a la tropa y leyeron una proclama, en la que justificaban su rebelión por la necesidad de defender la religión (amenazada por la desamortización de Madoz) y el trono (en peligro por la llegada al poder de los progresistas) (2)”.

(1). Pirala, A.: Historia contemporánea… v. 1, p. 672. Ferrer, M., Tejera, D. y Acedo, J.: Historia del tradicionalismo… v. 20, pp. 150 y 151. AGA, caja 54 / 5550. LL, 24 de mayo de 1855.
(2). De Jaime, J. y De Jaime, J.: Manuel Marco… pp. 54 y 225-227.

Caridad Salvador, A., “El carlismo aragonés en armas. La revuelta de 1855”, Cuadernos de Historia Contemporánea, 36, Universidad Complutense de Madrid, 2014, p. 172

El relato completo de la rebelión puede encontrarse en el artículo de Antonio Caridad Salvador. El estudio incluye dos mapas con los movimientos carlistas en los que figura el de Cipriano de los Corrales. Éste, en huida con sus tropas, llegó a cruzar a Cataluña, en una marcha que el historiador juzga “increíble”. En un lugar llamado Sacroca es apresado el hijo mayor de Cipriano de los Corrales, hecho que, sorprendentemente, no cuenta el hijo pequeño en su relato en Tradición. Corrales se entregó el 7 de junio. Fue fusilado el día siguiente, a las 7 de la mañana.

Antonio Caridad Salvador opina en sus conclusiones que el militar de Meruelo se había unido a la rebelión para conseguir algún ascenso. Argumenta a favor de esta tesis el hecho de que hubiera participado ya en la rebelión progresista de 1854, que le había procurado un ascenso a comandante, aunque esto quizá deberíamos preguntárselo al propio Cipriano de los Corrales,  que ya había participado en la primera guerra carlista o a su hijo pequeño, José María de los Corrales, que cuenta orgulloso que su padre rechazó dinero por alzarse y que tantos años después mantenía vivos los ideales de la revuelta de 1855.

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